
Hay dos cosas por las que siempre te recordaré; la primera de ellas son las alubias, ese platillo tan sencillo y nada especial, pero que para mí no dejaba de ser un manjar(Eres mi bien lo que me tiene extasiado...). Recuerdo muchos cumpleaños amenizados por tan ricas legumbres; sencillamente las extrañaré mucho.
La segunda cosa que siempre recordaré es el día en que Pillín y Pillina estrenaron departamento nuevo, ese par de canarios silbadores que alegraron los últimos días que estuviste en tu casa(tu dulce alma que es toda sentimiento...). Recuerdo que aquel departamento era una jaula amarilla común, con columpios, palos de madera y con trastes para alpiste y agua, nada extraordinario, pero era más grande que la anterior y tenía un nidito por si se les ocurría hacer Pillincitos. Pero lo que hizo ese día tan grandioso por lo cual siempre lo recordaré por siempre es la inocente alegría que había en tu rostro, eras como una niña recibiendo un juguete nuevo, el mejor juguete del mundo, el más maravilloso de todos los juguetes, estabas muy emocionada (eres un encanto, eres mi ilusión...). Tu sonrisa no disimulaba tu inmensa alegría, tus manos no dejaban de aplaudir, no brincabas porque las ingratitudes del tiempo sobre tu cuerpo lamentablemente no te lo permitían, pero alrededor tuyo había una atmósfera mágica. Era una tarde especial para ti así que teníamos que celebrar, era importante festejar (que es de los mortales el consuelo al morir...). Sacaste flan del refrigerador lo serviste en platitos y le añadiste rompope. Recuerdo que estaba frío y muy rico; también recuerdo que los canarios no dejaban de silbar y tú no dejabas de verlos con ternura (Dios dice que la gloria esta en el cielo). Creo que esa fue la última vez que te vi sana, y de haberlo sabido habría puesto mayor atención a todos los detalles, el vestido que tenias puesto, los platos en los que serviste el postre de celebración, el día en que todo pasó, lo habría disfrutado más(al tenerte yo en vida no necesito ir al cielo...).
Ahora ya no estás y aunque sé que extrañaré tus alubias y muchas cosas de ti no estoy triste pues sé que en donde quiera que te encuentres estás mucho mejor que aquí.
Otra anécdota que recordé cuando nos despedíamos de ti, fue aquella mañana en la que yo estaba con mi facha de rockero izquierdista, con mi playera verde olivo y mis pantalones rotos. Antes de irme aquel día me preguntaste sobre el personaje que estaba impreso en mi ropa, yo tímidamente levanté mi puño izquierdo y te contesté:-“el (un silencioso Comandante) Che Guevara”; tú solo me sonreíste y me tocaste una mejilla con tu mano (“Estos muchachos de hoy”). (¡la Gloria eres tu!)
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